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(Un hombre pasado los cuarenta años recorre
la escena agitado. Sus gestos son expresivos, pero suele tomar
un tono íntimo, confesional. Dialoga con dos personajes, a
veces al mismo tiempo, otras alternando entre María y Pedro,
el ruso. El decorado son paredes, ventanales, ruido de
pájaros, árboles, ramas golpeando contra los vidrios. El
viento es la música constante.)
¡Pájaros! ¡María! Los pájaros han vuelto
contra las ventanas, golpean los vidrios. ¿Los escuchas?
¡Míralos! Tienen alas tan grandes que parecen bestias...
¡María! ¡María! ¿Te has vuelto a ir? ¿Te has vuelto a ir,
María? ¿Dónde estás? ¿Dónde, María? Esa pregunta que se
repite, va por las habitaciones, es un eco, nunca calla.
¿Quién anda por ahí? ¿Quién anda? Y los pájaros azotando con
sus alas la casa, las paredes, azotando la pared blanca, la
pared oscura, azotando la pared negra... ¡Ves la sangre!
¡Aquél, aquél está sangrando! Le cae un hilo y se confunde con
el movimiento, aturde... ¡María! No importa que te hallas ido,
no importa, María, no importa, aprendí a juguetear con tu
nombre, es casi lo mismo, es como si te hubieras quedado...
¿Río? Si, mírame reír, así, así, ves como ríe tu hombre,
María, ¡ves como ríe! Ahora sé reír, construí una presencia
dócil con esa ausencia rebelde... ¡María! No importa que te
hallas marchado, no. ¿Ves el alféizar? Sólo tú eras capaz de
verlo. El mármol está pulido, la lluvia lo fue gastando y yo
disfruto de él, yo solo, escuchas. ¡Ja, no te molesta! ¡Y
afirmas que te creo! ¡Ja! Cuando durante la noche camino sobre
él, miran desde abajo, son ellos, se pasan el día observando
mi conducta, qué hago y qué dejo de hacer. Los he visto con
estos ojos, con estos... ¡María! Estoy harto de ellos, son
fantasmas, fantasmitas tontos. Me dan risa, estertores de
risa, risotadas, risitas, risas de mujeres, de mujeres viejas,
sin dientes, de jóvenes, de mujeres jóvenes, risas, risas de
niños... ¿Sabes cómo ríen los niños? Si no lo sabes escucha,
escucha... Acércate, acércate Pedro, acércate para que te
hable al oído, despacio, no espantes a los pájaros, no, no los
nombres, no hables de ellos... Ríen con la panza al aire, boca
arriba los desvergonzados, y ríen por cualquier tontera.
¿Recuerdas cuando éramos chicos, así de pequeños? Muy amigos,
no es cierto... Tuvo un accidente, sí, me lo contaste la otra
vez cuando nos vimos por casualidad, sólo por casualidad.
¡Quién iba a suponer que vos ibas a andar caminando por ahí!
Nadie, nadie... Pasaron muchos años sin saber nada, muchos, te
fuiste y ya está. ¡Bah! No sé, de un día al otro no supe nada
más de vos... Tuvo un accidente, Pedro tuvo un accidente...
¡María, tené cuidado con los pájaros! ¡Vuelven, estoy cansado
de decírtelo, vuelven siempre! No recuerdo lo que me dijiste
esa tarde. Te golpeaste, sí, sé que fue eso, un accidente de
los que se comentan. Te golpeaste la cabeza, el coche abrió el
techo contra tu cabeza. ¡La tenías dura ruso! ¡Vaya a saber
qué tiene uno ahí dentro! Éramos amigos, amigos de los buenos,
pero, el tren pasó y yo, yo, viejo, ya no me acuerdo, y los
pájaros están quebrando sus alas contra los espejos, se
estrellan de puro idiotas. Éramos amigos, te dolía la cabeza,
a veces te duele, sé que te duele, en las noches de frío debe
doler más. ¿Por qué no te ponés un gorro de lana? Eso es
bueno, ruso. Haceme caso una vez al menos, con el gorro no vas
a tener esos mareos. Mi tía vivía recomendándome lo del gorro
y una vez le di el gusto, es mejor que las medias, mejor que
los pájaros, mejor que María...
¡María! ¿Dónde estás, María? ¡Puede ser que
te hayas ido de nuevo!... El alféizar tiene el color de las
hojas que trae el viento, son hojas, sólo hojas... Es el
mármol... No hay que andar en moto, ruso, no son buenas las
motos, no son buenas, son peligrosas. Esta vez la contaste,
pero la próxima, ¿quién sabe la próxima? Aunque vos ibas en
auto, si, vos me lo contaste, en un auto, en tu auto, ruso...
¡A vos sí que te van bien las cosas! ¡Te acordás! Es lo que
siempre andaba murmurando el viejo Lalo, el que vivía a la
vuelta del colegio... ¡Te acordás! Siempre canturreaba lo
mismo, así, así nomás, indiferente, sin mirar siquiera qué era
lo que nos sucedía... ¡Qué viejo de mierda Lalo! ¡Y los
pájaros! ¡Ja! Mirá a los desgraciados, no sienten ni un poco
de miedo, ningún empacho, están obstinados, enchastran los
cristales. ¡Es un disparate!... ¡Bajate, ruso, bajate de la
moto de una vez! Ya es tarde y María se mandó una cena de las
mejores, como las de la tía, sí, la de la bolsa de nylon, la
que nos decía que cuando llueve hay que estar preparado.
Palermo, octubre de 1994 |