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                    Alvarez Castillo Editor

     

Cachorros

 

Monólogo de Héctor Alvarez Castillo

incluido en Historias para una puesta teatral

 

(Una mujer de treinta años está sentada en su cama, cubierta sólo con un baby-doll traslúcido, sin otra prenda. El decorado es intimista. Una luz tenue que riega todo el escenario. Durante el monólogo simulará el acto sexual, imaginará al hombre, se tocará el cuerpo como si sus manos fuesen las manos del otro.)

La lengua lame mis dedos, juega con ellos, apenas los moja entran en la tibia boca y los dientes los atrapan con leves mordiscos. Un cosquilleo sube por mis talones, va por las piernas. Alargo mi brazo para alcanzar con la mano su cabello. Besa las plantas de mis pies, las lava, el sudor ha desaparecido, soy mar, la sal baña mi espalda, cae al precipicio. Sólo dejo escapar un murmullo de hojas secas, por instantes estoy adormeciéndome, es un encantamiento, recuerdo cuando de niña leía cuentos de hadas, es la misma sensación, muerde mis muslos, desciende nuevamente por las piernas, gimo, despacio, levemente, el sonido es una caricia, un eco, un murmullo de hojas secas. Me ha dado vuelta, he girado ante él como un abanico, mis labios se aprietan a sus labios, sabores me inundan, empiezo a sacudir la carne, siento esa viril dureza que entra en mí, grito, un espasmo recorre todo mi cuerpo, he abierto los brazos y los he cerrado sobre él, mis uñas penetran la piel, siento el gusto de la sangre en mis yemas, y grito, grito, mi corazón lo llama, grito, el dolor y el placer, el dolor, los dos hemos atravesado ese límite, franqueamos el sueño ingenuo... Algo lo ha detenido, mi cuerpo se contorsiona, quiere recuperar un equilibrio que ya no le pertenece, refriego mi rostro contra las sábanas, están mojadas, las hemos encendido, hay cosas en el piso que nos hablan, me he echado boca abajo para descansar, sé dónde está, sé de dónde viene, el dolor va a comenzar, mi cuerpo se abrirá a él, resistirá hasta ceder, conozco ese placer, lo necesito, sus manos me están acariciando, su lengua me besa, me relajo aún más, el deseo está en todos los sitios, mis piernas se estiran, su saliva prepara las cosas, unta mis nalgas hasta llegar ahí, me arqueo, tensa y leve como una rama al viento dejo que la crema suavice las primeras heridas, me toma de la cintura, firme, me aprieta hacia él, grito, dolor, delicia...

Abandoné mi cuerpo, lo abandoné para él, sólo para él. Sus besos estuvieron a mi lado, sus manos, fuertes, fibrosas, se alzaron con mi piel, sentí que robaban de mí todo lo que había... Arqueada, su nombre se deslizaba hacia el río malva, corría con mis latidos, con mi voz, con mis gemidos.

Tiemblo... Está a mi lado, mientras roza mi piel no ha dejado palmo, hueco, parte mía sin poseer. Hundo mi cabeza contra la blanda almohada. Sus dedos abren mis cabellos como antes abrieron mi cuerpo. Lo amo, lo deseo aún más después de haberlo sentido dentro de mí. Mis piernas están tibias, se erizan al contacto. Dejé caer los brazos como durmientes para que me contemplara como soy. Me quedé extática, dura. Me quedé esperando. Besa, vuelve a besarme. Hace horas que no dejamos de amarnos, días que no hemos abandonado este cuarto más que para comer, entrar al baño y volver a acostarnos uno junto al otro. Creo que no saldré jamás de aquí, que pasaré el resto de mi existencia en esta habitación. Locura, siempre es locura. Confundidos en el otro, no logramos separarnos aunque los cuerpos ya han tenido lo suficiente y nuestro corazón es lo único que permanece insatisfecho. No partimos, por eso no lo haremos. Jugamos a que estamos muertos, uno duerme y el otro lo recupera, lo roba a la delicia, al jardín... Hemos caído vencidos, envueltos en transpiración hemos superado todo obstáculo, agitado y echado al vacío el pasado que nos cercaba. No nos queremos separar, no, gemimos tanto de placer como de cansancio. Cuando estamos extenuados nos refugiamos en el cariño, en los besos leves, pequeños besos que adormecen a uno junto al otro, así, así, observa, así, cachorros en la canasta de un niño.

Palermo, Septiembre de 1993

    

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